Abrir las alas
- Vanessa Rivera
- Jul 21, 2024
- 3 min read
Updated: Aug 20, 2024

La vida me ha enseñado a ir con todo. Es decir, cuando me atrevo a intentar cualquier proyecto, relación o proceso; entrego todo de mí sin reservas. Mi presente es un cúmulo de aprendizajes de lo que ya viví, en cada oportunidad acerté y me equivoqué, pude obtener el regalo de las lecciones justo porque quise la apertura, sin evitar nada. Con las situaciones cómodas e incómodas, permitiendo esa dualidad.
Si me quedo con el miedo a fracasar, del dolor o de no saber cómo, y por ende, no dar los pasos; la que se restringe soy yo en su proceso. Si me cierro, evitaré también la grandeza, el crecimiento y el éxito. Me gusta repetirme que, si lo intento y doy mi 100, tengo un 50/50 de probabilidades de fracasar o de lograrlo. Pero si ni siquiera me arriesgo, el no ya lo tengo garantizado.
Y me gusta pensar que en esa apertura, de entrega, de dejar que la vida me suceda; yo doy lo que soy. Dar menos es restringirme a mí misma y negarme. Es parte de ese amor propio de decirme que yo actúo según lo que llevo dentro, según como ven mis ojos, lo que interpreto del mundo. Si me equivoco entonces asumo, me hago responsable y cambio. Si aunque haya dado lo mejor de mí y no se da lo que tenía como objetivo, nadie me quita lo vivido, así que, igual crezco y aprendo a saber mis límites y saber hasta dónde y hasta cuándo.
Por eso confío en el proceso, no porque tenga por seguro lo que se viene, si no porque he aprendido a confiar en mis alas.
Y esto es super valioso para mí, porque, hace unos dos años, le decía a mi psicóloga lo mucho que me daba miedo volver a confiar... Que en realidad no confiaba en mis decisiones. Y entonces comenzaron a pasar tantas "malas" cosas: tuve que cerrar mi negocio y quedarme sin trabajo, demandar a mi padre, la muerte de las mascotas, una gran cantidad de incertidumbre. ¿Y ahora qué?
Decidí estudiar, busqué la manera de hacerlo. Deposité mi deseo en ello pero también me dije, que si no se daba, algo más tendría que buscar. He escuchado, que es justo en los momentos de crisis que nos reinventamos, nos ponemos creativos y es el surgir de un "nuevo yo". Comencé mi carrera en psicología. Y entendí, que cada paso en mi vida, cada elección me había llevado hasta acá. Me sentí agradecida de mi pasado, de todas mis experiencias que me habían brindado la conciencia de estar hoy donde estoy. Desde ahí, comencé a observar, que siempre me he seguido impulsando, no importa lo que haya perdido... Siempre me he tenido a mi misma. Así que comencé a confiar en mí, en mi poder. Mis decisiones son tan mías que no importa lo externo, es solo un escenario en el que puedo desenvolverme, y, si abro mi corazón lo suficiente; yo construyo el cambio.
"Las aves para aprender a volar se tiran de su nido" - me dije una vez - Yo decido si me limito o si vuelo. Y es mágico, yo no sé si llegará mi mañana. No sé si llegaré a la meta. Lo que sí sé es que soy dueña de mi proceso de aprendizaje - tal como lo dijo uno de mis profes de la Universidad - y yo elijo que cada día sea extraordinario.
Y no podría dejar por fuera que lo mismo aplica con las personas. Hace unos días salí con mi mamá y compartimos tiempo juntas, me di cuenta que la que ha cambiado soy yo, la manera que la escucho, el tratar de entenderla y verla más allá de ser mi madre... Verla como mujer. Que he cambiado con mis amigas, que les busco más sin sentir el miedo del rechazo. Que permito que el amor sea. Yo me repito que me gusta tanto quien soy y lo que tengo por ofrecer, que ya no es limitandome y lastimandome a mí misma la manera en la que quiero relacionarme. Uno da lo que lleva por dentro. Aprendí a tomar mis cosas e irme, pero ya no hacerme más pequeña por nadie.
El mundo se ve desde una perspectiva tan diferente cuando uno vuela, que si uno se queda en el nido.



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