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El dolor como maestro.


En algunos momentos he levantado la mirada al cielo, en busca de respuestas para entender la razón de lo que sucede, para poder digerir alguna situación que me deja desorientada, con muchas preguntas; y principalmente, de algo que me duele, de esa clase de dolor que te hunde el pecho, que se siente un hueco y quieres dejar de sentir.


Pero resulta que ese dolor es maestro. Ese dolor nos viene a enseñar algo que sin su presencia nosotros simplemente seguiríamos evitando ver. Ese dolor es una cuota necesaria para realizar un cambio de algo que sí nos está limitando o lastimando más profundamente.


En las prácticas de yoga, cada postura me ha enseñado que el dolor está para avisarme, y así, hacer un cambio para no lesionarme. Si estoy trabajando un puente invertido, que requiere una gran apertura de pecho, una espalda con un profundo arco, unos hombros fuertes y brazos extendidos; podrá ser una postura divina, que te abre al mundo, que permite tu vulnerabilidad. Pero el cuerpo te avisará si aún no está preparado para llegar ahí. Forzarlo, es lastimarse. Eso quiere decir, que al ir practicando sentirás algún tipo de dolor que te avisará tu límite. Escucharlo y no exigirte para llegar solo por llegar a la postura, es importante.

Entonces, para comenzar; la autocompasión, para llegar a la postura no es necesario agredirme, si lo hago, pierde el sentido. Paciencia, porque puedo trabajar mi cuerpo progresivamente respetando lo que sí puedo hacer ahora, desde un lugar amoroso y plena de que hoy hago lo mejor que puedo. Constancia, porque será el hábito y el de tener claro el camino para llegar hacia donde quiero. Confíanza, porque aprendemos en este proceso mediante la adquisición de habilidades, hacernos fuertes y más flexibles que confiamos entonces en lo que podemos realizar. Aceptar, hoy es lo que es y decidir qué hacer con esa realidad.

Con el tiempo, una postura que parecía imposible de lograr, nos ha enseñado. Pero para avanzar fue necesario prestar atención al dolor para evitar movimientos o excesos que podrían afectar.


Así es tal cual la vida. El dolor es un "ve más lento y observa aquí". Sin ese dolor seguiríamos en el mismo patrón, porque claro, vamos cómodos. Pero cuando te llega ese tipo de dolor al alma, revisas, reflexionas, te das cuenta de lo que llevas dentro, de esa "basura" que te estorba. El dolor te enseña a ser humilde. ¿Qué es esta sociedad que castiga el dolor? Es una condenación para quien admite que siente dolor, se le dice que es más débil, es negativo, es que se atrevió a mucho, es que muy incrédulo... Y ahí va la lista. El dolor se siente porque nos atrevemos. El dolor llega porque estamos viviendo, se siente precisamente porque no nos cerramos a las posibilidades y dejamos que todas las sensaciones lleguen y nos enseñen.


Todo lo contrario. El dolor es el maestro que nos guía para darnos cuenta de lo valientes que podemos ser y del coraje que se necesita para transitar en esta vida siendo humanos, imperfectos, frágiles y con parches; pero llenos de colores, de arte, de música y de recuerdos que serán los que se quedan con nosotros.


Lo que sea que estés viviendo, abraza ese dolor y agradecelo. No desde un falso positivismo y desde "todo estará bien" porque eso no lo sabemos. Pero aunque todo sea bien cabron ahorita, en ese "mal viaje" del presente, encontrarás en vos a la persona más hermosa que se atreve a repararse. Que se repara desde el amor.


Te abrazo fuerte.

Te deseo luz para caminar entre los días oscuros.


Namasté.

Vane.

 
 
 

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