top of page
Search

He perdido


He experimentado a mis 36 años, que el orgullo es el peor enemigo.

El orgullo manipula, ciega y nos hace cerrar el corazón.

El orgullo divide, aparta de lo que realmente deseamos en el corazón y conectar con los demás.

El orgullo nos cierra oportunidades, es un portazo en la cara; por no soltar caemos más profundo.

El orgullo nos hace perder relaciones por simples situaciones, nos limita de crecer y de mejorar. No es una manera de progresar, es la forma de estar en confort y no dejar que nada nuevo suceda.

El orgullo si se alimenta hace nido, echa raíces y nos hace impenetrables.

El orgullo nos roba la palabra, nos provoca culpa y crea miedos. El orgullo nos hace ver en los demás lo que no me gusta de mí.

Me hace ver hacia afuera y creer que los demás son los que deben cambiar.

El orgullo me hace tener un erróneo aire de superioridad.

Me hace no apreciar a los demás, no tener empatía y luchar por tener la razón.

El orgullo nos hace buscar el poder en lugar de ofrecer amor.

El orgullo da cabida a la ira, a la venganza, la inseguridad, estar a la defensiva y a responder sin escuchar.

Me hace ignorar cuando me corrigen.

Por el orgullo ya he perdido personas, trabajos, oportunidades y me he llegado a perder a mí misma.

Y ¿qué he ganado?

He perdido siempre que he permitido que sea el orgullo quien esté delante de mí para tomar decisiones.

Quiero sentir, soltar y deconstruir. “Insistir, persistir y nunca desistir”. Creer en mí mucho más y confiar en los demás sin dudas.

Tener a mano siempre las palabras “lo siento, perdón, te amo, gracias”

Para mí.... para quienes amo.


Que tú corazón sea la guía.

Que nuestros pensamientos, nuestra mirada, palabras y acciones vengan desde esa conexión.

Que no sea por el miedo, el enojo, frustración o desesperanza que nos cerremos a los cambios de la vida.


Te abrazo.



- Vane Rivera -

 
 
 

Comments


bottom of page